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The Guazú Ti’í or Pampas deer live in the grasslands of South America at low elevations. Their habitat includes water and hills, often with winter drought. Human activity has changed much of the original landscape. They are known to live up to 12 years in the wild, longer if captive, but are threatened due to over-hunting and habitat loss (400 years ago, before the arrival of Europeans, these deer were abundant, especially on the pampas of Uruguay and Argentina. Native Indians had a relationship with the Pampas Deer similar to that of the Plains Indians with the American Bison in North America, relying on it for their livelihood. In the decade 1860-1870 2.130.000 skins were exported from the Rio de la Plata region). Many people are concerned over this loss, because a healthy deer population means a healthy grassland, and a healthy grassland is home to many species, some also threatened. There are approximately 80.000 Pampas deer total, with the largest captive population living in Uruguay (1.100). Fossil records indicate that the ancestors of this deer traveled to South America from North America as part of the Great American Interchange around 2 million years ago, following the formation of the Isthmus of Panama. It is believed that they rapidly evolved into different species, with only a few surviving today. Due to the large continental glaciers and the high soil acidity in areas where there were no glaciers, a huge part of the fossils has been destroyed, so there is no indication what the primigenial New World deer used to look like. The Pampas deer evolved as plains dwellers. Their direct ancestor first appeared during the Pleistocene period (the Ice Age) during the Pampean Formation. Pampas deer have tan fur, lighter on their undersides and insides of legs. Their coats do not change with the seasons. They have white spots above their lips and white patches on their throats. Their shoulder height is 0.70 to 0.75 m. Their tails are short and bushy, 10 to 15 cm long, and when they run, they lift them to reveal a white spot. Males weight about 40 kg and females about 33.5 kg, so they are a small species of deer, with relatively little sexual dimorphism. Males have small, lightweight antlers that are 3-pronged, which go through a yearly cycle of shedding in August or September, with a new grown set by December. The lower front main prong of the antlers is not divided, but the upper prong is. Females have hair whorls that look like tiny antlers stubs. Females and males have different stances during urination. Males have a strong smell secreted from glands in their back hooves that can be detected up to 1.5 km away. In Uruguay, the mating season is February to April. In Argentina, from December to February. Courtship behavior is submissive, such as low stretching, crouching, and turning away. The male initiates courtship with a low stretch. He makes a soft buzzing sound. He nuzzles the female and may flick his tongue at her, and averts his eyes. He stays near her, and may follow her for a long time, smelling her urine. Sometimes the female responds to courtship by lying on the ground. Pampas deer do not defend territory or mates, but do have displays of dominance. They show it by keeping their heads up and trying to keep their side forward, and use slow, deliberate movements. When bucks are challenging each other, they rub their horns into vegetation and scrape them on the ground. They may urinate into the scrape they have made, and sometimes defecate. They rub the scent glands on their heads and faces into plants and objects. They usually do not fight, but just spar with each other, and they do commonly bite. Sparring is initiated by the smaller buck touching noses with the larger buck. Groups are not separated by gender, and bucks will drift between groups. There are usually only 2-6 deer in a group, but there can be many more in good feeding areas. They do not have monogamous pairs, nor are there harems.
Los Guazú Ti’í o Venados de campo viven en las praderas de Sudamérica en las bajas elevaciones. Su hábitat comprende áreas cercanas a las fuentes de agua y las colinas; usualmente afectadas por la sequía durante el invierno. La actividad humana ha cambiado mucho del paisaje original. Se sabe que viven hasta 12 años en estado salvaje y mucho más en cautiverio. No obstante, han sido sometidos a una continua amenaza debido a la perturbación de su ecosistema y la caza indiscriminada (Hace 400 años, antes de la llegada de los europeos estos ciervos eran abundantes, especialmente en las pampas de Uruguay y Argentina. Los indios nativos tenían una relación con esta especie de la misma forma que sus pares de las planicies de Norteamérica tenían con el Bisonte, dependiendo del primero para su supervivencia. En la década de 1860-1870, 2.130.000 pieles fueron exportadas desde la región del Río de la Plata). Mucha gente está preocupada ante la pérdida de su hábitat dado que una población saludable de Venados de campo implica una pradera saludable, la cual también constituye el hogar de otras especies amenazadas. Existen aproximadamente 80.000 Venados de campo en total, con la mayor población cautiva situada en Uruguay (1.100). Los registros fósiles indican que los ancestros de este ciervo viajaron a Sudamérica desde Norteamérica como parte del Gran Intercambio Americano, hace 2 millones de años y con el surgimiento del istmo de Panamá. Se cree que rápidamente evolucionaron en varias especies; con apenas algunas unas pocas sobreviviendo hasta el día de hoy. Como consecuencia de los grandes glaciares continentales y la alta acidez de las áreas excentas de ellos, la mayor parte de los fósiles ha sido destruida, por lo que no hay plena certeza acerca de cómo lucían los ciervos primigenios del Nuevo Mundo. El Venado de campo evolucionó de aquellos provenientes de las planicies, habiendo su ancestro directo aparecido en el Período del Pleistoceno (la Era del Hielo) durante la formación pampeana. Los Venados de campo cuentan con un pelaje amarronado, un tanto más claro en la zona ventral y entre las patas. El mismo no cambia con el paso de las estaciones. Poseen manchas blanquecinas en la parte superior de sus labios y parches del mismo tono en sus gargantas. La altura de la cruz es de 0.70 a 0.75 m. Sus colas son cortas y peludas, entre 10 a 15 cm de largo, y cuando corren la levantan para mostrar una mancha blanca. Los machos pesan alrededor de 40 kg y las hembras alrededor de 33.5 kg, lo cual los convierte en una especie pequeña de ciervos y con escaso dimorfismo sexual. Los machos tienen a su vez una cornamenta pequeña y liviana dividida en 3 prolongaciones. Ésta comienza a caérseles en Agosto o Septiembre y surge nuevamente hasta alcanzar su total desarrollo a la altura de Diciembre. Respecto a la misma, el asta frontal baja no está ramificada mientras que el asta superior sí lo está. Las hembras poseen remolinos de pelo que se asemejan a pequeños cuernos. Machos y hembras asumen una postura diferente al orinar. Estos últimos se caracterizan por un olor muy acentuado producido por las glándulas en las pezuñas traseras; las cuales pueden ser detectadas a una distancia de 1.5 km. En Uruguay la época de cría va de Febrero a Abril. En Argentina, de Diciembre a Febrero. El cortejo es sumiso, estirándose hacia abajo, agachándose y dándose vuelta. El macho es quien lo inicia asumiendo la primera posición mencionada. Posteriormente emite un zumbido suave, puediendo mover su lengua y hociquear a la hembra, apartando de vez en cuando sus ojos de ella. Permanece a su lado y puede seguirla por largo tiempo mientras huele su orina. A veces la hembra responde al cortejo yaciendo en el suelo. Los Venados de campo no defienden su territorio o compañeras, pero ciertamente realizan demostraciones de dominancia. Las hacen manteniendo sus cabezas en alto e intentando mantenerse hacia adelante, empleando movimientos deliberados hacia su contrincante. Cuando los machos se desafían, frotan sus cuernos entre la vegetación y los raspan en la tierra. A menudo orinan sobre los surcos que hacen y en ocasiones, defecan en éstos. Frotan sus glándulas de olor en sus caras y la cabeza, además de plantas y otros objetos. Usualmente no entran en una verdadera lucha, tan sólo se limitan a un ritual de combate en el que sí suelen morderse. Dicho combate es desencadenado por el macho de menor tamaño, tocando su nariz con la del macho de mayor porte. Las grupos de esta especie no están separados por sexo y los machos pueden pasarse de uno a otro indistintamente. Por lo general hay de 2 a 6 individuos en cada uno de ellos, pudiendo sumarse aún más en las áreas de pastoreo. Las parejas no son monógamas ni existen harenes.

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